martes, 23 de agosto de 2011

la araña de mi patio

La araña de mi patio, se ha acomodado en la parte alta de la planta mas fea y en la esquina mas sombría. 
La miro cada día como teje o se acerca a su nido, en forma de ovillo de lana, que es todo su centro de atención.
Me pregunto, si nos dejaran  elegir, si nos gustaría ser araña, creo, y no es por la apariencia ni que tenga ocho ojos, que sin duda  a mi no, no me gustaría ser una araña de jardín, tampoco me gustaría ser pez, siquiera el mas bello, esos acaban en alguna pecera, que  vida mas triste,  vivir detrás de un cristal nadando en círculo.
La araña teje su propia red para estar atada a ella de  por vida, me pregunto por que no usa ese hilo para desplazarse, para ir de un lado a otro y por el contrario se encierra cada vez mas, fabricando  su propia cárcel, pretendiendo así, seguridad.
Me mira con sus ocho ojos, piensa, tal vez, que soy yo la que esta en peligro, también, seguro se pregunta, supongo enfadada, por que le hago fotos.
El flash, hace tintinear su red, moviendo así, su suave hamaca, eso no debe  gustarle.
La miro, me perturba el hecho de que su vida y la mía sean tan parecidas, yo también, alguna vez, he tejido mi propia red para sentir esa falsa seguridad, y  como no,  con la intención, puede perversa intención, que cayera alguien en ella.
Me he acicalado, he puesto mi mejor sonrisa y esperado,  a veces impaciente, el suceso.
También he sido atraída por otras redes, y, aun dándome cuenta del peligro, aun sintiendo asco del "pringue" que rodeaba mi cuerpo, me he quedado largas temporadas instalada en una suave hamaca.
También a veces, elegí adrede la parte mas sombría y fea del jardín.
Que bueno no pensar que debía pensar, que bueno  no sentir que debía sentir, que bueno mirar alrededor y ver que cientos de arañas, miles de arañas, tejían a su vez redes como la mía, fabricando así, sus propios "bunkers" orgullosas.
Que bien saber que estaba haciendo lo correcto, lo  mismo que las demás, sentir que vivía, que me reconocía, entre seres que se me parecían....
Y es que la vida de las arañas es así.
Un día..., alguien, un curioso de la vida de las arañas, me observo atento, sin hacer conjeturas, sin imaginarse su vida como araña, pero también me  saco una foto...
El flash hizo tintinear mi red, movió bruscamente mi hamaca, sentí por primera vez la ingravidez y el vértigo,  me di cuenta que  mis ocho ojos, en su caleidoscopio infinito, hacían que mi percepción de las cosas fuera truculenta. 
Porque no hay nada mas truculento que la vida de una araña, seguridad a cambio de libertad, dormir a cambio de soñar, egoísmo a cambio de amor...
Además, no hay nada peor para una araña que el  que le pique otra araña, nada mas doloroso, nada mas infame; te devora lentamente, te envuelve, te  amarra, o te deja mutilada para siempre, luego ya arrinconada esperas, a ver si con suerte, con mucha suerte, otra acaba contigo rápidamente.
Me moví inquieta en mi red, me acerqué  al nido, que era el centro de toda mi atención, lo  encontré vacío... 
 Se que no podré dejar de ser araña, que llevaré siempre, ese hilo pegajoso que me ata a mis semejantes, que también me ata a mi y me hace deambular como una tullida, pero tengo que aprender a vivir sin fabricar mas redes, tengo que descolgarme, que deshacer, romper, desandar, que ese hilo me ayude, servirme de el para que me lleve fuera del patio, a cambiar de jardín, o  al menos, conseguir me lleve a la parte con mas luz. 
Tengo que mirar  a través del caleidoscopio, pero aprender a ver, solo con  los dos ojos, de delante.







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