miércoles, 30 de noviembre de 2011

Mi tía Emérita

Era la  hermana mayor de mi padre, de aspecto menudo  y sonrisa plena, nadie al verla podría imaginar la fuerza, la personalidad, la inteligencia práctica y el gran sentimiento ético que tenía.
Mis primeros recuerdos de ella los tengo de cuando iba mi padre a hacer el mosto en su lagar,  también, sentada en su cocina haciendo queso de cabra o  papas fritas en láminas muy finas, que sacaba de un rallador, una mandolina, así se llama ese "aparatejo", para  que acompañaran al vino los amigos de su marido en las tardes de tertulias, tertulias en las que   música y política ocupaban casi todo el rato.
Su casa, tenía un patio enorme,  con un trozo cultivado de jardín lleno de azucenas y dalias, enredaderas y rosas,  un árbol de granadas...
También tenía un perro lleno de rizos, "Tobi", que odiaba con razón infinita  al vecino Pepe,  una bodega con un olor inolvidable, una galería con asientos de mimbre y jaulas con canarios, aunque  había  en  una, un pájaro extraño para mi, creo recordar se llamaba una calandria, que emitía un canto estrafalario, como  de  un timbre.
Su  entrañable casa, que estaba exactamente a un minuto corriendo de la mía, era  siempre un refugio para mis hermanos y para mi, pues encontrábamos en ella aceptación, tranquilidad y  cariño,  también algo mas poderoso aun, algo que actuaba para nosotros como un embrujo, un infalible señuelo,  que eran las  cajas llenas de "colorines" y cuentos...
Ahi conoci a Carpanta, Doña Urraca, Margarita Gautier, la dama de las camelias, Mariuca la castañera, también  al Capitán Trueno y al Jabato...

Mi tía Emérita, mi favorita tía, mi querida tía.....  lo que mas recuerdo de ella era  su afición al ganchillo, su pollo al limón,  sus ricos rosquetes, sus manos y pies deformes por el reuma,   sus charlas...
Sus recuerdos nítidos  de las poesías de la escuela,  de sus bailes de juventud,  pero sobretodo sus recuerdos de los tiempos de la guerra civil.
No se si me los contó cien  veces o dos  mil, pero si que siempre la escuché  sobrecogida, atenta, ansiosa de mas...
Admiré siempre que, sus a veces terribles historias, estuviesen al margen de lloros, rabia o emoción contenida.
Siempre con una sonrisa, narraba como dejaba los "papelitos" y comida escondida en los caminos para su marido huido, no corrían  por entonces buenos tiempos si eras republicano y socialista,  también, como durante  ese tiempo murió su hija de año y medio de una acetona y como su marido no pudo venir a acompañarla y como luego  la metieron presa, al norte de la isla, para ver si le denunciaba,"¿ como puedo hacer eso?" "¿como puedo luego mirarle a la cara?" "¿que vergüenza pretende que cometa?" le dijo al militar...
Y como este alguna vez  la amenazó con disparar y en cambio otras  le ofrecía chocolate, pero sobretodo, su incomprensible para mí, ausencia de miedo.
 Pasado un tiempo  le  detuvieron y le condenaron a muerte,  aunque luego  le fue conmutada por unos años de prisión, pero como lloro amargamente, cuando se despidió de el en el muelle, el barco fondeaba algo lejos y  la dejaron acercase en una lancha, se despidió desde el agua, el, en la cubierta, ni un abrazo ni un momento a solas, cito sus palabras textuales: "le miraba ahí diciéndome adios, le iban a matar  tan joven, tan lleno de vida y no pude soportarlo, ese día me derrumbé y lloré por primera vez" .

Nunca la olvidaré...Escuchaba mis fantasías, me guardaba tomates y moras, le gustaba llamarme María...
Su muerte le llegó con  casi noventa años.