Los libros siempre fueron una forma de espantar mi miedo a los espacios y tiempos oscuros.
por el contrario a la música, que era para sentirme bien, para disfrutar de emociones o alegrías profundas.
Así que leo, leía ya en mis largas noches insomnes de la pre adolescencia, para espantar el miedo a crecer, a mi padre, a la casa, con suelos de madera, que crujía en la noche como si tuviese vida propia...
Leí como una posesa en los primeros años de mi matrimonio, también cuando alguien se ponía malo.
Leí cuando me sentí abandonada, cuando sentí el desamor...
Los libros mataban mis miedos igual que cuando era pequeña y en la noche, necesitaba ir al viejo retretre de casa.
El retrete de la casa donde me crié, una casa de mas de cien años, que había heredado mi abuela de su madrina, estaba lejos, al final del patio, yo no encendía la vela para no tener que ver las arañas, cucarachas o incluso ratones que podía encontrarme.
Si no la encendía no estaban, de igual modo sentía la angustia en el pecho, el temblor en las piernas y el asco en el estómago, pero no los veía.
Esta noche miro mi mesa de noche, encuentro cinco libros, un portarretrato con la cara sonriente de quien amo, dos pares de gafas, la libreta donde tomo mis notas, el cargador del móvil, unos bolígrafos, una lámpara...
Nada sirve para nada hoy, porque hoy necesito llorar, parar de leer y llorar, llorar...
Porque ha vuelto el miedo, miedo a que me sueltes de la mano, miedo a perderte entre la multitud, miedo a que un día no me reconozcas... Pero sobretodo, ha vuelto el frío miedo a que te vayas para siempre sin decir adios..
Necesito llorar porque la pena esta ahí, como en aquel retrete de mi niñez, estaban los bichos, por mucho que intentara conjurar mi miedo con el estúpido timo de la vela.
por el contrario a la música, que era para sentirme bien, para disfrutar de emociones o alegrías profundas.
Así que leo, leía ya en mis largas noches insomnes de la pre adolescencia, para espantar el miedo a crecer, a mi padre, a la casa, con suelos de madera, que crujía en la noche como si tuviese vida propia...
Leí como una posesa en los primeros años de mi matrimonio, también cuando alguien se ponía malo.
Leí cuando me sentí abandonada, cuando sentí el desamor...
Los libros mataban mis miedos igual que cuando era pequeña y en la noche, necesitaba ir al viejo retretre de casa.
El retrete de la casa donde me crié, una casa de mas de cien años, que había heredado mi abuela de su madrina, estaba lejos, al final del patio, yo no encendía la vela para no tener que ver las arañas, cucarachas o incluso ratones que podía encontrarme.
Si no la encendía no estaban, de igual modo sentía la angustia en el pecho, el temblor en las piernas y el asco en el estómago, pero no los veía.
Esta noche miro mi mesa de noche, encuentro cinco libros, un portarretrato con la cara sonriente de quien amo, dos pares de gafas, la libreta donde tomo mis notas, el cargador del móvil, unos bolígrafos, una lámpara...
Nada sirve para nada hoy, porque hoy necesito llorar, parar de leer y llorar, llorar...
Porque ha vuelto el miedo, miedo a que me sueltes de la mano, miedo a perderte entre la multitud, miedo a que un día no me reconozcas... Pero sobretodo, ha vuelto el frío miedo a que te vayas para siempre sin decir adios..
Necesito llorar porque la pena esta ahí, como en aquel retrete de mi niñez, estaban los bichos, por mucho que intentara conjurar mi miedo con el estúpido timo de la vela.