jueves, 6 de octubre de 2011

Mis abuelas.

Mis abuelas tenían en común: los ojos azules, a mis hermanos y  a mi  como nietos,  absolutamente nada mas.
Una era la rectitud, la seriedad, la distancia, Chencha, la otra era la libertad, la alegría, la generosidad, María.
Yo llevo el nombre de ambas, una me llamo siempre "chenchita", la otra "mari chencha"...Creo que tengo algo de ambas, no se si alguna de sus virtudes pero si alguno de sus defectos.

CHENCHA:
             Era la madre de mi padre, su nombre era Inocencia, cumplía años el 28 de diciembre, nació sietemesina, nos contaba, porque su madre se cayo y a consecuencia de eso se le adelantó el parto;  en su juventud debió ser una chica guapa, recuerdo ver  una foto de ella, esas fotos retocadas, que colgaba en la sala anterior a su habitación.
Entrar en esa sala y habitación privada, era como entrar en las habitaciones de una señora rica para mi, no tenia nada que ver con el resto de la casa. sillones de mimbre, escupideras de loza, antes, debe ser los hombres fumaban y escupían en esas cosas, luego las usaron solo como ceniceros, camas de hierro negro, la puerta con cristales tallados que separaba las estancias, cuadros y santos... había un san Antonio de casi un metro de alto, que se "enramaba" en junio con flores y frutas,  un crucifijo y una vez por mes, se añadía  además una santa o virgen que traían en una caja de madera,  a la que había que rezar el rosario las noches que se "quedaba" con nosotros, con mi padre, un renegado de dios, incluido.
De cuando en cuando,hacía una especie de "limpieza" en  sus habitaciones, eso era quemar en un recipiente unas cuantas hierbas y hacer lo que ella llamaba un "sahumerio" creo pensaba eso apartaba los malos espíritus....no se muy bien, el recuerdo es visualmente claro pero los motivos se me pierden con  el humo.
Todo ese ritual, la distancia en el trato,  su carácter serio y reservado, hizo que, aun viviendo en la misma casa, nunca compartimos comida, ella tenia su fogón, sus cacharros, su despensa, sus galletas, su peras en almíbar, su loza...hacía que yo sintiera que vivíamos de caridad, bueno un poco  así era y se notaba.
No recuerdo de ella  un beso, un abrazo, un capricho, tampoco un trato amable ni cómplice con mi madre, solo sus restricciones...
Vestía siempre de negro con delantal, su pelo muy largo hecho en una trenza, que enrollaba en un moño en su nuca, recuerdo su mechón blanco de canas casi en el centro de su frente. sus zapatos de cordones también negros...zapatos "el curtido", así les llamaba, creo recordar.
Aun y así siempre que hablo de "mi casa" es de esa casa de la cual hablo, de su corredor de madera, en el cual había una destiladera de agua, su azotea, sus alacenas, su "cuartito" encima de la escalera con la ropas viejas y  un  barril de hijos secos, mi cuarto lleno de fotos de Rock Hudson, el patio, el zaguán...
Murió a consecuencia de una caída, como nació, pues  una noche y después de la cena, confundió el reflejo de la luna a través de una ventana en la pared, con la  puerta de su habitación,  cayó por la escalera hasta el primer descansillo, falleció quince días mas tarde a los ochenta y cinco años.

MARÍA:
             La madre de mi madre, fue la hija ilegítima de una madre adolescente y un padre mas aún, a consecuencia de eso se crió con su abuela, a su padre lo conoció cuando iba a casarse a la edad de 18 años, su padre en regalo de boda quiso "reconocerla", así se decía cuando se daban los apellidos al hijo ilegítimo, pero ya tenía preparado todo  el  papeleo,  así que no aceptó, pero siempre tuvo buena relación con el y sus tres hermanas, habidas en su matrimonio. La familia se visitaba y su padre pasaba temporadas en su casa.
Su madre  también se casó  y tuvo a su vez dos hijas mas, así que mi abuela tenia cinco medias hermanas, lo que hacia que fuese una familia bastante atípica, para mí era algo natural, me gustaba todo ese lío y esa cantidad de gente que siempre había en su casa,  aparte de los clientes y trabajadores de la panadería.
Y es que en casa de mi abuela  todo el mundo era bienvenido, podía llegar alguien sin avisar  a comer, las personas que fuesen, que siempre había lugar y comida.
Se enamoró de mi abuelo muy joven y también, como he dicho, muy joven se caso, ambos montaron su negocio y sacaron adelante seis hijos, trabajando mucho, pues al contrario de mi abuela paterna que heredó su casa y tierras de una madrina suya, a mi abuela no le dejaron nada mas  que las ganas de vivir.
La vida  fue poco "amable" con ella, a su niñez precaria y de habladurías, con respecto a su madre, le siguió la muerte de su tercera hija, cuando estaba en estado de la cuarta, también la muerte de su marido de una leucemia cuando empezaban a  disfrutar de lo conseguido,  que su hija, creo la preferida, se fuese a Venezuela en los años cincuenta, con lo que eso significaba,  también, ver como se enfermo mi madre, luego sufrir su muerte, recuerdo los aullidos de dolor aquella noche....
Aun y así, no recuerdo de ella un mal gesto y que  la vida a su lado  no fuese motivo de celebración y risas.
Ella fue la que me enseño a leer, la primera que me llevo al cine, recuerdo gritar, cuando empezaban los títulos, "las letras" como decíamos entonces, ¡abuela mira la a a,a,a,a,! ¡mira la o, abuela!,  me compró  mis primeras "gaseosas"...
Me solía  llevabar con ella a la capital, a casa de sus hermanas, a la casa de su padre...
Con ella pasábamos los veranos en la playa, mis dos hermanos y yo, haciendo lo que nos venía en gana...
En su casa fui muchas veces testigo de su generosidad y buen talante, aunque a veces le reproche en silencio un gesto que me perturbaba, y es que venía una señora,  enferma del mal de "san vito"  y pedía pan, mi abuela le daba una bolsa del pan que había sobrado del día anterior, he de decir que el pan del día anterior, era casi tan bueno o mejor que el del día y que nosotros llevábamos bolsas de ese pan los veranos y comíamos de él durante días; pero yo era muy sensible, me asustaba o me daba pena, no se, aquella señora, su aspecto era de veras lamentable, así que un día la vi mojar el pan en un chorro de agua en la calle y comerlo, pense que mi abuela le había dado pan duro y mi pena era: por qué si le iba a dar pan, no le daba el del día, ese pan, que le daría de todas formas al siguiente.
En su casa descubrí que el mejor olor del mundo es a pan recién horneado y que desayunar ese pan caliente con mantequilla era un placer indescriptible.
También descubrí, lo rico que es tomar café, con trozos de queso fresco dentro,  los revueltos de huevo y chorizo, que a las nueve de la noche había que callarse porque empezaba el "parte",  también que tenia madera de actriz, pues nos gustaba hacer representaciones de teatro en el patio, no diré que comí los mejores dulces, debo reconocer prefería los de mamá, pero si recuerdo su mesa de comedor siempre llena de los dulces que luego venderían....
Mi abuela, que no comía nunca sin "casera", que su placer mas grande era jugar a cartas con sus amigas,  que le gustaba mariscar y  pillar morenas en la playa decía: morenita joooo morenita joooo.
Que se levantaba de madrugada cuando oía las "lanchas rápidas" porque decía traían "estraperlo" y también para ayudar a arrastrar los chinchorros y así conseguir algo de pescado para comer.
 Mi abuela, que nunca iba con la manos vacías de visita, que se compró la primera cocina a  gas del pueblo y tuvo  el primer cuarto de baño con bañera...














martes, 4 de octubre de 2011

Las mujeres de mi vida

Mi madre me contaba que debido a que mi padre estuvo mas de año y medio trabajando en un barco petrolero,  por lo tanto estuve sin verlo  durante ese  tiempo,  se fue cuando yo tenia aun  meses, era reacia a aceptar a mi lado  a los  hombres, decía supongo con algo de crítica y burla,  pues fui siempre muy llorona y mimosa, aún lo soy ahora,   que cuando regresó,   lloraba aterrada y  desconsoladamente, cada vez que se me acercaba.
 Mi madre tenia un taller de costura, así que  tanto su ayudante, creo también su única amiga, Minerva, como sus clientas, además de  mis tías y abuelas, compusieron durante ese tiempo,  también durante toda mi vida a su lado, un  entorno  cotidiano y femenino, mi hermano mayor, dos años mas, supongo no tenia aspecto de hombre aun para mi.
Al crecer como también era observadora y  curiosa, siempre escuche con disimulo esas  "cosas de mujeres" que se supone no debería escuchar,    así que,  merodeaba en las tardes por la sala- taller de mi madre, con la intención de enterarme  de  sus comentarios, cotilléos y risas, sus chismes e historias.
Era divertido, escuchar cosas tales como: ¡pero que peluda  es esa mujer! ¡si parece Felípe II ! o:- con ese color de vestido parece un bandera ... Comentarios, la mayoría  lanzados por  mi abuela María,  que hacía estallara la risa general  
No se si por esa razón,  ha sido mas fácil para mí, acercarme y  entender las  motivaciones o comportamientos femeninos. Reconozco mi incapacidad para los masculinos, esa es la verdad.
Luego, la vida, por una serie de casualidades, me rodeó, en  un porcentaje muy alto, siempre de mujeres, mis compañeras de la  escuela pública de niñas,  las del colegio de monjas,  mis cuatro hijas,  compañeras de trabajo de las tiendas, de  los hoteles y clínica donde trabajé, mis amigas...
 A  todas ellas, quiero homenajear con este escrito.
MI MADRE:


                 Era una persona callada, discreta, seria y elegante, también  triste, tenía muy mala salud, muy  trabajadora, la recuerdo cada día y hasta muy tarde en la noche, pegada a su máquina de coser.
Cuando fue  joven, vendía, cada día, el pan del negocio familiar, ayudada por una burra  a la que cargaba con las cestas;  aun y así,  se permitió ir a la ciudad, tenia tías y primas allí, a aprender "corte y confección" y hacerse con una profesión, para ella  era muy importante ganar su dinero.
Nunca tuvo una casa propia, supongo eso también  la amargaba, ella quería montar su taller en la ciudad y que, para nosotros, fuese más fácil estudiar, pero mi padre siempre se negó, así que,  compartíamos casa con mi abuela paterna, "Chencha",   recuerdo  sobre todo, su  preocupación de cerrar puertas, mi padre no era amable ni discreto, así pretendía algo de intimidad, cuando había alguna discusión entre ellos.
Mis recuerdos de ella:  sobretodo sus comidas y dulces, mis preciosos vestidos,  sus  ojos negros rasgados, su nariz fina, su  preocupación por arreglar  mi pelo liso y llenarlo de bucles, también como me decía: no sacudas las cabeza y no te despeines, no corras, las niñas no gritan, no te manches el vestido, siéntate bien, camina derecha, los hombros rectos, ¡¡ mete la barriga!!...
Mamá, que  era  tan capaz, de hacer un vestido de boda, el ramo, maquillar y peinar a la novia... también  de hacer en tres días   un vestido de fiesta, o  un abrigo, un jersey de lana o una bata de diario.
Capaz de  ir al campo en la mañana,  eso si, totalmente protegida para el sol, llegar, preparar la comida, lavarse, ponerse "VISNU" y sentarse a coser.
Capaz de bailarnos un charlestón en la cocina, mientras preparaba la cena,   mis hermanos y yo, la mirábamos felices y  embobados, esperábamos mientras, que  en otro fuego, calentara el agua para hacernos  pasar por el barreño, nadie en casa se iba a la cama sin lavarse, aun recuerdo el aroma al "lux" y ponerse ropa interior limpia.
 Las duchas se reservaban para los domingos antes de ir a misa, esa,  nuestra "ducha", era  con una manguera, que, iba desde el viejo retretre a la toma  única de agua, a la entrada del zaguán, más la flor de una regadera, hecha de antiguas latas de aceite, mientras uno se duchaba, otro abría y cerraba a distancia,  al grito de ¡¡¡ya!!!, esperando turnos, envueltos cada uno en nuestro albornoz de felpa, que ella nos había confecionado...
Recuerdo su miedo a los ratones y a los locos, había locos en la familia de su madre y alguna desgracia por esa causa, el miedo al mar, cuando soplaba el viento del norte...  recuerdo como subía a la azotea para otear si mi padre ya  había llegado a "Cosme", porque siempre hacia fuego con matorrales.
Como odiaba los gritos y malos modos, su seriedad, sus compras, sus  botones, lentejuelas, telas y encajes en la capital...
Recuerdo verla llorar amargamente, mientras teñía sus ropas de negro en una olla humeante, cuando su padre murió.
La tristeza infinita en la despedida en el muelle, de su hermana, que marchó una noche  en "CABO SAN VICENTE" pues  se había casado por poderes con alguien en Venezuela, nunca mas se vieron.
Verla salir tan guapa, de cuando en cuando,  a algún baile con mi padre...
Siento no haberla conocido mas, que no conociera a mis hijas y les hiciera "vestiditos" como ella decía, que no estuviese en los años que mas la necesité, odio que muriese tan joven sin haber viajado o sido un poco  mas feliz.
 Se, también, que se ahorro algún que otro disgusto, algunas cosas que hice,  las que dejé de hacer, la muerte  de mi hermano mayor...
Pero aun así, puede, solo puede, le hubiese gustado vivir algunos años mas.
Se agravó su estado  en el verano del 68, murió con cuarenta y cuatro años de una insuficiencia cardíaca, que arrastraba desde  la adolescencia.