En mi último viaje a Barcelona y como me acompañó una amiga, quise ser una buena anfitriona y presumir de camino de mi ciudad favorita.
Así que la lleve al teatro a ver Hair, por cierto nada que ver con la peli, pero que vale la pena y como no, también fuimos al Palau de la música.
Primera decepción: la plaza aun lleva el "bonito" y rotundo nombre de Millet.
Segunda: un portero poco menos me "alegó" por no saber que había dos conciertos esa tarde y confundirme e intentar entrar en el Petit Palau.
Siempre me he sorprendido y me seguiré sorprendiendo de la " amabilidad innata" de algunos camareros, porteros y dependientas que en el mundo son, que no solo te hacen sentir culpable de molestarles, sino que por sus aires, parece tengan dos embarcaciones de lujo en el puerto esperando por sus bellos cuerpos y almas.
Tercera: fui al baño antes de entrar y cual no sería mi sorpresa que una chica, esta si puede que tengan sus padres barco en el puerto, salio del baño sin tirar de la cisterna y se sonó sus abundantes y pijos mocos encima del lavamanos... dejándome asqueada a mí y con casi ganas de vomitar a mi amiga, que me esperaba.
Cuarta: la lámpara del techo brilló por su ausencia, lamentablemente para mi y mi amiga que después de haberle contado la maravilla que era, me miraba con aire de: vale si...porque ¿sabes que? los que vamos al Palau, no solo somos aficionados a la música sino admiradores del espectáculo que significa ver su edificio, luces y ornamentos, por tanto, creo todos los que vamos y sea cual sea la cartelera, merecemos verlo en toda su plenitud.
Quinta: se dice bien claro que no se deben sacar fotos, grabar y desde luego no se debería hablar, eso que se da y doy por sentado, pues allí había barra libre, creo mas de cincuenta personas rodaban sacaban fotos hasta con flash.
Menos mal que el concierto era tan bello, que a veces me hacia olvidar el "decorado" a los "extras" y la "banda sonora".
Y pregunto yo: ¿ cuesta tanto tener una persona de esas que te indican cual es tu asiento, pendiente de que el público no se desmande? o alguien que le de al interruptor y encienda la lámpara central. ¿O es que lo tenía que hacer el "amable" portero y dijo que nones?
¿ Es que la gente ha perdido de tal manera las formas que no respeta ni un concierto de Boquerini? porque temo que si voy de nuevo al Liceu, me encuentre que se venden refrescos y palomitas al entrar.
Barcelona guapa como siempre, viva como siempre, acogedora como siempre, es sin duda mi ciudad aunque la disfracen de " puta" sus gobernantes, la vendan de esa manera y la dejen sin defensa ante sus "clientes" cámara de fotos en mano y ganas de jugar a los triles.