Descubrí la piedra en manos de mi nieto el pequeño, había estado sacando cachivaches de un jarrón de cristal y entre lunas, estrella y huevos de color azul y también otra piedra de color verde, estaba esta de un precioso e intenso color azul marino.
No tengo recuerdo de como llegó allí, juraría que no fui yo quien la puso si no estuviese claro que seguro lo hice.
La miré con curiosidad e intenté recordar desde cuando me pertenecía o perteneció a la casa. También pensé si lo había hecho la "bruja malvada", que a veces parece me persigue desde niña, pero deseché la idea enseguida, era tan bonita.
Después de tenerlo en la mano un buen rato, decidí que podía ser un buen amuleto para mi viaje.
Aun y así, dude un buen rato mas, pensé que la verdad, no era buen día para elegir amuletos, acababan de darme un "tiro de gracia" emocional la noche anterior y me asustaba un poco embarcarme en la aventura de trenes por Europa.
Sin pensar mas y tozuda como siempre, le metí dentro del llavero en forma de botita de futbol escoses que llevo colgada en mi mochila, así que, bastante mas nerviosa de lo habitual, terminé de preparar las cosas.
En el primer tren en Barcelona y en la primera parada de Gracia, ya alguien había decidido que mi maleta "molaba".
No sabía si llorar o darme de tortas por ser tan estúpida, mi amiga Carmen me dijo que me olvidara, que solo se habían llevado la ropa, pero yo, pensé en mi perfume, mis sandalias de cuero, mis camisetas, el polar, para alguna noche que seguro pasaríamos al raso, los libros de viaje de Kako, la maleta que era de Sandra y como no, en el ordenador portátil pequeño de Carmen, que sería quien nos localizara hoteles y albergues.
Despotricando del amuleto y pensado en donde podía deshacerme de el, seguí adelante.
Y entonces pasó el milagro, a pesar de la luxación en mi dedo meñique, al entrar en un baño oscuro del bar "El colibrí" de Zürich, confundirme de tren en Milán con destino a Venecia y algún contratiempo mas.
El milagro de conocer al "capitán" en Marsella la noche del eclipse de luna, el capitán que venia desde Barcelona para enrolarse en la Legión extranjera en Toulon, un muchacho de veintisiete años pero con mas de cincuenta vividos, un muchacho con una capacidad increíble para emocionar, convencer y mantenerte atenta, nos contó que había estado con los "indignados" de plaça Cataluña veinticinco días, que cuando entraron los mossos, le dieron dos buenos "palos" por defender a su amiga Marite, pero que no le dolieron porque sabía que estaba viviendo un momento emocionante y único, que tenia su familia en México, dos niños, su madre, que siempre tenía razón, el "capitán" que sabía hacer las mejores "margaritas" para que no te dieran "cruda" al día siguiente, que nos dio la receta, de también la mejores "chavelas" ¡por supuesto!....el "capitán" que cuando nos despedimos a las cinco de la mañana nos dio un abrazo como si fueramos de su familia.... y que deseamos le fueran bien las cosas, porque el es de esa clase de personas que hacen que las cosas sucedan. !gracias para siempre "capitán"!.
El milagro de conocer a una familia de Bergamo, que aun teniendo tres niñas biológicas habían acogido a cuatro niños mas, niños que habían sufrido malos tratos y alguno aún con graves secuelas, que por haber sacado buenas notas les habían concedido el premio de llevarles a Venecia. Una familia que me emocionó tanto, tanto..., con la cual me entendía medio en francés e italiano, que se quedó para decirnos ¡¡"chiaooooo"!! todos juntos en su parada del vaporetto, logrando sacarme las lágrimas.
El milagro que un matrimonio chino nos rescatara, pasada la media noche, de la calle en Milan, porque el recepcionista de un albergue había llamado a todo el que conocía porque el no tenía habitación para darnos.
Un matrimonio chino que nos trató como si fuesemos especiales, que nos llevó un desayuno a la habitación, sacándonos de nuevo las lágrimas, porque aun y a pesar que nos cobró, se que fue algo único el momento y lo que nos pasó.
El milagro de ver los Alpes, Venecia, Florencia... el milagro de ríos y lagos del sur de Francia, los viñedos y los paisajes serenos de la Toscana, el milagro de comer en los parques, de ver como mi hija Cristi, aún y a pesar del cansancio, aguantó tantos días sin quejarse.
El milagro de tener una amiga como Carmen que me apoyó en cada decisión, que fue generosa y que mantuvo la calma aun cuando yo la perdía, que fueron varias veces.
Tantas y tantas cosas, que hizo del viaje una experiencia increible.
Viaje no apto, desde luego, para aquellos que solo conciben los viajes con todo "atado y bien atado" pero que jamás olvidaremos.
Así que aun guardo el amuleto azul en la botita de futbol escoses que cuelga de mi mochila, ahí se quedará de momento, porque el no tiene la culpa, que las y los ladrones de Barcelona hayan escogido "joder" a los incautos como yo y porque me dio mas, pero bastante mas, de lo que perdí.
No tengo recuerdo de como llegó allí, juraría que no fui yo quien la puso si no estuviese claro que seguro lo hice.
La miré con curiosidad e intenté recordar desde cuando me pertenecía o perteneció a la casa. También pensé si lo había hecho la "bruja malvada", que a veces parece me persigue desde niña, pero deseché la idea enseguida, era tan bonita.
Después de tenerlo en la mano un buen rato, decidí que podía ser un buen amuleto para mi viaje.
Aun y así, dude un buen rato mas, pensé que la verdad, no era buen día para elegir amuletos, acababan de darme un "tiro de gracia" emocional la noche anterior y me asustaba un poco embarcarme en la aventura de trenes por Europa.
Sin pensar mas y tozuda como siempre, le metí dentro del llavero en forma de botita de futbol escoses que llevo colgada en mi mochila, así que, bastante mas nerviosa de lo habitual, terminé de preparar las cosas.
En el primer tren en Barcelona y en la primera parada de Gracia, ya alguien había decidido que mi maleta "molaba".
No sabía si llorar o darme de tortas por ser tan estúpida, mi amiga Carmen me dijo que me olvidara, que solo se habían llevado la ropa, pero yo, pensé en mi perfume, mis sandalias de cuero, mis camisetas, el polar, para alguna noche que seguro pasaríamos al raso, los libros de viaje de Kako, la maleta que era de Sandra y como no, en el ordenador portátil pequeño de Carmen, que sería quien nos localizara hoteles y albergues.
Despotricando del amuleto y pensado en donde podía deshacerme de el, seguí adelante.
Y entonces pasó el milagro, a pesar de la luxación en mi dedo meñique, al entrar en un baño oscuro del bar "El colibrí" de Zürich, confundirme de tren en Milán con destino a Venecia y algún contratiempo mas.
El milagro de conocer al "capitán" en Marsella la noche del eclipse de luna, el capitán que venia desde Barcelona para enrolarse en la Legión extranjera en Toulon, un muchacho de veintisiete años pero con mas de cincuenta vividos, un muchacho con una capacidad increíble para emocionar, convencer y mantenerte atenta, nos contó que había estado con los "indignados" de plaça Cataluña veinticinco días, que cuando entraron los mossos, le dieron dos buenos "palos" por defender a su amiga Marite, pero que no le dolieron porque sabía que estaba viviendo un momento emocionante y único, que tenia su familia en México, dos niños, su madre, que siempre tenía razón, el "capitán" que sabía hacer las mejores "margaritas" para que no te dieran "cruda" al día siguiente, que nos dio la receta, de también la mejores "chavelas" ¡por supuesto!....el "capitán" que cuando nos despedimos a las cinco de la mañana nos dio un abrazo como si fueramos de su familia.... y que deseamos le fueran bien las cosas, porque el es de esa clase de personas que hacen que las cosas sucedan. !gracias para siempre "capitán"!.
El milagro de conocer a una familia de Bergamo, que aun teniendo tres niñas biológicas habían acogido a cuatro niños mas, niños que habían sufrido malos tratos y alguno aún con graves secuelas, que por haber sacado buenas notas les habían concedido el premio de llevarles a Venecia. Una familia que me emocionó tanto, tanto..., con la cual me entendía medio en francés e italiano, que se quedó para decirnos ¡¡"chiaooooo"!! todos juntos en su parada del vaporetto, logrando sacarme las lágrimas.
El milagro que un matrimonio chino nos rescatara, pasada la media noche, de la calle en Milan, porque el recepcionista de un albergue había llamado a todo el que conocía porque el no tenía habitación para darnos.
Un matrimonio chino que nos trató como si fuesemos especiales, que nos llevó un desayuno a la habitación, sacándonos de nuevo las lágrimas, porque aun y a pesar que nos cobró, se que fue algo único el momento y lo que nos pasó.
El milagro de ver los Alpes, Venecia, Florencia... el milagro de ríos y lagos del sur de Francia, los viñedos y los paisajes serenos de la Toscana, el milagro de comer en los parques, de ver como mi hija Cristi, aún y a pesar del cansancio, aguantó tantos días sin quejarse.
El milagro de tener una amiga como Carmen que me apoyó en cada decisión, que fue generosa y que mantuvo la calma aun cuando yo la perdía, que fueron varias veces.
Tantas y tantas cosas, que hizo del viaje una experiencia increible.
Viaje no apto, desde luego, para aquellos que solo conciben los viajes con todo "atado y bien atado" pero que jamás olvidaremos.
Así que aun guardo el amuleto azul en la botita de futbol escoses que cuelga de mi mochila, ahí se quedará de momento, porque el no tiene la culpa, que las y los ladrones de Barcelona hayan escogido "joder" a los incautos como yo y porque me dio mas, pero bastante mas, de lo que perdí.
Preciosa historia y no esperaba menos de ti...Y por supuesto de tu piedra azul que será la que te siga dando esas grandes satisfacciones que a fin de cuentas son las que valen...
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