La ciudad es un cúmulo de cosas que han sido añadidas durante años, cientos de años y algunas, las menos, hasta de miles de años.
Así que su conjunto del principio sus casas y servicios se fueron acrecentando a medida que lo hacían sus poblaciones. Se unieron a otras poblaciones cercanas para hacer frentes comunes, aunque a veces no sirvió sino para enfrentarse entre ellos, pero eso es otra historia.
Hasta aquí es todo obvio, nada es extraño, nada se sale de lo esperado.
Lo que no se es si han sido siempre como ahora en su apariencia, no física sino esa apariencia del decorado, de los extras, de los efectos especiales.
Cuando alguien como yo, que desde niña soñó en viajar, conocer otras culturas, gentes y costumbres, y el sueño se hace realidad, es bastante menos placentero llegar a una ciudad. Y es que todas se parecen, es inevitable encontrar que las tiendas de souvenirs, no estén regidas por un pakistaní, en el mismo tipo de local céntrico pero cutre, que en la panadería no te atienda una muchacha sudamericana, o sea oriental el camarero del restaurante, aclarando que no tengo nada en contra de esto, pero desde luego si quieres entenderte debes usar el inglés, estés en Barcelona, París, Londres o Milán. Otra cosa es si quieres comer, la cosa es tan variada como pizzas, hamburguesas, o el restaurante chino que se parece bastante al chino que esta bajando la calle donde vivo. Dónde estarían las comidas típicas del lugar, pero por dios que vi un restaurante mejicano en Amman. Ya se que también esta la comida de diseño, esa que aparece en el centro del plato con colores malva y una viruta encima, de cualquier cosa que no sabremos nunca, que le adorna como esos cursis sombreros del siglo XIX. Esto como dice mi amiga Carmen es igual de perverso que encargar un niño con ojos azules, solo por el hecho de presumir de fotos de bebe. Así que no merece más atención.
Eso en cuanto a comida, pero sigo, en todas las ciudades hay hordas de turistas japoneses que no te dejan ver el cuadro que habías deseado tanto contemplar, japoneses que son capaces en una hora de recorrer el museo del louvre, sacar fotos de cada cuadro, de su famlía sonriente y de comprar un louis vuitton sin despeinarse, ni siquiera sudar la camiseta" nike" " brand new".En todas también te encuentras con turistas españoles, chillones y mal educados que van en hordas llenado toda la acera, que empujan, que no te dejan siquiera escuchar ese sentido Fado que emocionada escuchas en "bairro alto".
No me gusta que las ciudades se parezcan no se si es un buen invento "tunearlas" venderlas, prostituirlas que pierdan su sustancia su identidad, en aras de que sean solo un parque temático.
Ya se es contradictorio, porque yo también viajo, pero yo soy una " visitante", no seré, nunca, nunca, una turista a la actual usanza.
debí decir louis vuitton, creo me pudo que lo más cerca del glamour que he usado es una mochila marroquí recosida por un intento de robo en el metro de Madrid.
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